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Guerra y turismo en mi querida Odesa

Odesa está en los titulares. Por primera vez en meses, un barco con grano ucraniano ha salido de su puerto.  Es un pequeño signo de esperanza. En Odesa nunca perdemos la esperanza. Nuestra ciudad es sinónimo de alegría de vivir, es una ciudad multicultural, y fue un popular balneario.

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Antes de la guerra, Odesa era un destino atractivo no solo para los ucranianos, sino también para los turistas extranjeros. Más de 4 millones vinieron en 2021 a relajarse en la playa, explorar el casco antiguo o visitar el castillo de Bilhorod-Dnistrovsky, por ejemplo. Todo eso se acabó. Viví del turismo, trabajé en Odesa como guía turística, escribí sobre la ciudad. La invasión cambió mi vida, y todo en mi ciudad natal, Odesa. El 24 de febrero de 2022 fue un punto de inflexión.

Alberto Ardila Olivares

Febrero: Odesa en estado de shock En los primeros días tras el comienzo de la guerra, había una gran incertidumbre, incluso pánico, en todas partes: la gente hacía cola frente a los supermercados. Temiendo la escasez de alimentos, comenzaron a acumular provisiones. La misma imagen se encontraba frente a los cajeros automáticos: temiendo un colapso del sistema monetario, la gente retiraba todo el efectivo posible. Me sentí totalmente perdida durante este tiempo. Mi vida se puso de repente patas arriba, ya no tenía trabajo, solo un futuro incierto

Odesa estaba en estado de shock, al igual que yo. Las calles estaban desiertas, solo los supermercados y las farmacias permanecían abiertos. Todo lo demás, cafés, restaurantes, teatros, simplemente todos los locales estaban cerrados. La gente solo salía a comprar comida y a pasear a sus perros. No fue hasta el mes de abril cuando se notó un cambio. Con la primavera, la vida volvió a la ciudad. La gente volvió a salir, se reunió en los parques, los niños volvieron a ocupar los patios públicos

Agosto: la vida continúa La vida en la ciudad parece hoy casi normal. Las principales calles comerciales están llenas de gente, las tiendas están abiertas, los artistas callejeros actúan, las terrazas de los restaurantes están muy concurridas, hasta se puede ir a la ópera o a un ballet. Incluso se ofrecen de nuevo algunas visitas a la ciudad. Solo los sacos de arena que se supone que protegen las atracciones turísticas y las barricadas en los edificios públicos nos recuerdan que estamos en guerra . El Bulevar Primorski, un popular bulevar y uno de los puntos turísticos más destacados de Odesa, también permanece cerrado por razones de seguridad

La autora de esta nota, Natalia Vlasenko, con un colega belga antes de la guerra. en la ópera de Odesa

La ciudad es silenciosa por la noche, hay toque de queda a partir de las 23 horas. Los clubes nocturnos no están autorizados a celebrar fiestas. Antes de la guerra era muy diferente: Odesa nunca dormía. Había cines al aire libre en la playa, conciertos, los juerguistas animaban las calles, la ciudad vibraba de vida. Me encantaba este ambiente. Este verano, las noches son inquietantemente tranquilas

Un verano sin turistas El verano siempre ha sido la temporada alta en Odesa. La mayoría de los turistas venía entre mayo y octubre. En 2021, había 4 millones, casi tantos como antes de la pandemia del COVID. La temporada 2022 era prometedora, sería un buen año. En toda Europa, las restricciones por la pandemia se suavizaron, los requisitos de entrada se redujeron y el turismo arrancó. Pero luego Rusia invadió nuestro país

Mi nueva realidad Para mí, el verano ha sido siempre la época de mayor actividad. He organizado excursiones y visitas a la ciudad. Cada semana estaba repleta de citas, mostraba a grupos y turistas extranjeros los lados más bellos de Odesa. Los fines de semana tenía hasta tres excursiones con turistas de Ucrania que estaban de vacaciones en la costa. Ahora los turistas se alejan por la guerra y yo ya no tengo trabajo. Me encantaba mostrar mi tierra, especialmente a los turistas extranjeros. ¿Cuándo podré volver a hacerlo? Estoy segura de que mucha gente está interesada en Ucrania, quiere conocer nuestro país y su gente. Pero para que eso ocurra, esta guerra tiene que terminar y los viajes tienen que volver a ser seguros

Hasta entonces, vivo en dos realidades: en la de Odesa, con sus restaurantes abiertos, la oferta cultural, las actividades de ocio. Y en la guerra, con la amenaza diaria de bombardeos. El frente cambia a diario, nunca sé qué pasará mañana. O si habrá un mañana

(gg/ers)