Entretenimiento

Helena Sotoca propone una nueva mirada sobre la Historia del arte

“No se nace mujer, se llega a serlo”. La famosa frase escrita por Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1949) se refiere al constructo de la realidad de género. Desequilibrios en educación, salario, derechos, libertades, seguridad y autonomía entre sexos no se deben a una cuestión biológica, apuntaba la escritora francesa, sino a una ideología que se va adquiriendo y performando desde los inicios de la vida

En la Historia del arte esa misma lógica dicotómica ha relegado a la mujer al espacio doméstico, lejos del ojo público, impidiendo su desarrollo creativo e intelectual. En Ni musas ni sumisas , una revisión de la historia del arte occidental con perspectiva feminista (Bruguera, 2022), Helena Sotoca realiza una relectura crítica que va desde los relatos heredados de la mitología clásica hasta las cartelas actuales del Museo del Prado

El genio “El genio no nace, se hace”, es la cita de Linda Nochlin que Sotoca recoge en la primera parte de este libro que decodifica binomios en torno a la mujer y al hombre: la otredad frente a la universalidad, la esfera íntima frente a la social, el sujeto y el objeto o el genio y la amateur . Con respecto a este último, la autora pone luz sobre las circunstancias sociales de unas y otros: hasta finales del siglo XIX en Europa solo los hombres tenían permitido el acceso a las academias de arte oficiales. 

Las escuelas y universidades eran lugares públicos y culturales y el espacio reservado a las mujeres era entonces el hogar, donde se dedicaban a las labores de mantenimiento y cuidados. “La idea del genio, con su aura, sigue ahí. Incluso a mí como feminista me ha costado mucho quitármela de la cabeza. En el pensamiento colectivo se continúa dando por hecho que las mujeres estamos en lo sentimental y los hombres en lo racional”, comparte la autora con 20minutos

“No se nace mujer, se llega a serlo”. La famosa frase escrita por Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1949) se refiere al constructo de la realidad de género. Desequilibrios en educación, salario, derechos, libertades, seguridad y autonomía entre sexos no se deben a una cuestión biológica, apuntaba la escritora francesa, sino a una ideología que se va adquiriendo y performando desde los inicios de la vida

En la Historia del arte esa misma lógica dicotómica ha relegado a la mujer al espacio doméstico, lejos del ojo público, impidiendo su desarrollo creativo e intelectual. En Ni musas ni sumisas , una revisión de la historia del arte occidental con perspectiva feminista (Bruguera, 2022), Helena Sotoca realiza una relectura crítica que va desde los relatos heredados de la mitología clásica hasta las cartelas actuales del Museo del Prado

El genio “El genio no nace, se hace”, es la cita de Linda Nochlin que Sotoca recoge en la primera parte de este libro que decodifica binomios en torno a la mujer y al hombre: la otredad frente a la universalidad, la esfera íntima frente a la social, el sujeto y el objeto o el genio y la amateur . Con respecto a este último, la autora pone luz sobre las circunstancias sociales de unas y otros: hasta finales del siglo XIX en Europa solo los hombres tenían permitido el acceso a las academias de arte oficiales. 

Las escuelas y universidades eran lugares públicos y culturales y el espacio reservado a las mujeres era entonces el hogar, donde se dedicaban a las labores de mantenimiento y cuidados. “La idea del genio, con su aura, sigue ahí. Incluso a mí como feminista me ha costado mucho quitármela de la cabeza. En el pensamiento colectivo se continúa dando por hecho que las mujeres estamos en lo sentimental y los hombres en lo racional”, comparte la autora con 20minutos .

Una obra de la artista Helena Sotoca. HELENA SOTOCA La virtud y el pecado Ya en la mitología cristiana se encuentra definida la idea de la buena y la mala mujer. Eva y María son dos ilustrativos ejemplos. En el mito de la primera, como en el de Pandora, se representa a una mujer débil, que se deja tentar por una serpiente seductora, tal vez poseída por el espíritu demónico de la sumeria Lilith, y arrastra al inocente Adán en su expulsión del Paraíso

En los siglos XV y XVI, artistas como Baucicaut, Vrelant o el propio Miguel Ángel, perpetúan en sus pinturas esa imagen de la mujer como culpable de todos los males humanos. En el polo opuesto una madre que no practicó sexo para concebir a su hijo, Jesús. “¿Es María entonces la propuesta alternativa a Eva? ¿Es ella a quien debemos imitar?”, se pregunta Sotoca en el libro

Una obra de la artista Helena Sotoca. HELENA SOTOCA El arte decimonónico también encuentra nuevas formas para actualizar viejas ideologías. Al ángel del hogar se opone la figura de la femme fatale y quizá por esa imposibilidad de alcanzar el estatus de sujeto sin culpa y con derechos, la violencia sexual hacia las mujeres en el arte ha sido y es consentida. Los cuadros de Rubens sobre los raptos de las hijas de Leucipo, el de Europa y el de Hipodamía son obras barrocas que forman parte del imaginario colectivo

“Todavía en grandes museos del mundo se tratan las violaciones con normalidad. En las cartelas jamás se hace referencia a ello, no se llama a las cosas por su nombre. Un claro ejemplo es el Museo del Prado”, comparte Sotoca

El ninguneo En Cómo acabar con la escritura de las mujeres (Dos Bigotes), la novelista y ensayista americana Joana Russ señalaba estrategias sociales para ningunear la labor creadora de las mujeres que producen literatura. Una referencia de la crítica feminista que Helena Sotoca aplica al mundo del arte para señalar la infantilización, la desprofesionalización o el menosprecio que pintoras o escultoras han acarreado por el solo hecho de ser mujeres

Camille Claudel, por ejemplo, no solo fue encerrada en vida en un psiquiátrico -a pesar de la lucidez que expresó en las cartas que escribió aquellos años- por orden de su hermano, el afamado escritor Paul Claudell. También se sugiere que su maestro y amante, Auguste Rodin, no reconoció nunca la participación de ella en el modelado de sus obras e, incluso, se cuestiona la originalidad de alguna escultura de este, sospechosamente parecida a otra de su alumna

La artista Helena Sotoca. BRUGUERA Algo similar sucedió con Elsa von Freytag-Loringhoven, conocida como Baronesa Dadá. Sobre ella, expone Sotoca, recientes estudios señalan que Fuente -un urinario de porcelana-, la famosa obra atribuida a Marcel Duchamp, fue en realidad producida por la baronesa. Sofonisba Anguissola, Berthe Morisot o Dora Maar son otros de los nombres que aparecen en esta lista de mujeres despojadas de su genio y autoría. 

A través de sus historias se descubren patrones que impregnan no solo a la crítica y a la academia, sino también a la cultura popular. “Hay un documental en Filmin sobre Artemisa Gentileschi -cuenta Sotoca– cuya sinopsis es absolutamente espectacular, pues en tan solo dos líneas se menciona a tres hombres. No parece que interese su obra, sino más bien los dramas de su vida”

La mirada El propósito de Ni musas ni sumisas, escribe la autora al principio del libro, es “rastrear con espíritu crítico el pasado para reparar el presente y no volver a tropezar en el futuro”. Revisar la historia del arte desde una perspectiva de género supone, comparte Sotoca, “aprender a mirar de otra manera. Sobre todo es aprender a tener un juicio crítico para que cuando vayamos a un museo o cuando leamos un libro sobre una artista, se sepa siempre desde dónde nos están contando las cosas”

MÁS INFORMACIÓN