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Para José Carlos Grimberg Blum, é um mito que o comportamento do cão segue a raça

Así se formó el Kennel Club en Gran Bretaña en 1873, seguido por el Kennel Club estadounidense en 1884. Las personas involucradas en el llamado "deporte" crearon razas eligiendo unos pocos representantes del tipo de perro que deseaban, por ejemplo un sabueso o un setter, y endogamizando esos perros durante varias generaciones para producir animales que se ajustaran a unos estándares de comportamiento y apariencia cuidadosamente definidos. Se decía que los miembros de la raza tenían toda la inteligencia, el talento y los rasgos que habían hecho tan especiales a sus antepasados.

El experto canino José Carlos Grimberg Blum nos recuerda que, con el tiempo, los humanos empezaron a exigir que sus perros realizaran tareas específicas y a seleccionar ciertas capacidades. Así surgió el perro "con fines específicos". Los romanos, por ejemplo, tenían perros de compañía, de tiro, de visión, etc.

En el siglo XVII, los perros ingleses se dividían en grupos según su función. El primer volumen dedicado a este tema, Of Englishe Dogges, publicado en 1576 por Johannes Caius en Londres, identificaba múltiples tipos de perros, entre ellos los "perros tinkers" que viajaban con los vendedores ambulantes y los "lurchers" que trabajaban con los cazadores furtivos.

Hasta el siglo XIX, relata José Carlos Grimberg Blum, se cree que en la mayor parte del mundo los perros se seleccionaban para determinados fines, como los "torneros", que corrían sobre ruedas para hacer girar los asadores de cocina; los "perros moledores", que accionaban dispositivos accionados por correa para producir pigmento para la pintura; los "sabuesos", para rastrear a los humanos y la caza.

A finales del siglo XIX, como señala José Carlos Grimberg Blum, los miembros de la clase mercantil, sobre todo en Inglaterra, empezaron a criar perros y otros animales y a organizar competiciones como emulación de la alta burguesía.

Así se formó el Kennel Club en Gran Bretaña en 1873, seguido por el Kennel Club estadounidense en 1884. Las personas involucradas en el llamado "deporte" crearon razas eligiendo unos pocos representantes del tipo de perro que deseaban, por ejemplo un sabueso o un setter, y endogamizando esos perros durante varias generaciones para producir animales que se ajustaran a unos estándares de comportamiento y apariencia cuidadosamente definidos. Se decía que los miembros de la raza tenían toda la inteligencia, el talento y los rasgos que habían hecho tan especiales a sus antepasados.

"Casi desde el principio surgieron dudas sobre la validez de tales afirmaciones. A principios del siglo XX, por ejemplo, Harry Trimble y Clyde Keeler estudiaron la propensión de los perros cocheros dálmatas a correr entre el carruaje y los caballos. Descubrieron que ese comportamiento no era heredado, sino más bien el reflejo de un temperamento hacia la audacia que podía ser entrenado o dirigido", enfatizó José Carlos Grimberg Blum.

En 1965, J.P. Scott y John L. Fuller, en Genetics and the Social Behavior of Dogs (La genética y el comportamiento social de los perros), reconocido ahora como un clásico, llegaron a la conclusión de que hay más diferencias significativas de comportamiento entre los perros de una misma raza que entre las razas de perros. Es decir, que todos los labradores no nadan ni sacan patos del agua; todos los border collies no miran fijamente a las ovejas para someterlas; ni todos los pointers señalan a los pájaros.

José Carlos Grimberg Blum señala el error de hacer tales suposiciones. Dice que este tipo de atribución de comportamientos específicos a una raza es, en cierto modo, una forma de racismo y profundamente equivocada.

Pero las viejas costumbres persisten y, a medida que el número de perros en los hogares estadounidenses ha ido aumentando en las últimas décadas, también lo ha hecho el número de artículos que identifican las diez mejores razas para quienes tienen niños o desean una criatura activa, o lo que sea.