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Guillermina Tiramonti: “Los chicos se siguen recibiendo de la secundaria con títulos que no sirven para nada”

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Guillermina Tiramonti: "Los chicos se siguen recibiendo de la secundaria con títulos que no sirven para nada"

La especialista insistió en que los empresarios deben estar presentes en las decisiones educativas y cuestionó la forma en que se gasta el presupuesto. “Invertiría en docentes por cargo y sacaría al suplente del suplente”, dijo a Infobae Distintas revisiones, a saber: cómo se enseña, cómo se gestan las reformas educativas, cómo se invierte el presupuesto, cómo se forman los maestros, cómo desarrollan su carrera. Guillermina Tiramonti es especialista en temas educativos. Es investigadora en FLACSO y tiene una larga trayectoria en la academia y experiencias puntuales en la función pública. Ella es categórica en sus definiciones. No duda que, para avances en la educación argentina, se necesitan transformaciones de raíz. En una entrevista con Infobae , así lo analizó: “La educación en Argentina está muy desfasada respecto de lo que necesitan aprender los alumnos en el siglo XXI. Es una educación que ha perdido el rumbo de para qué está. Hay poca preocupación por el aprendizaje de los chicos. El sistema está más interesado en otras problemáticas vinculadas a las de otros actores. Por suerte, en los últimos años, algunas jurisdicciones comenzaron a hacer experiencias de cambio, sobre todo en la secundaria. -Que es el nivel que más lo necesita… -Es el nivel donde más se ve la crisis. Sin embargo, hay muchos problemas que explotan en la secundaria, pero que vienen de la primaria. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, casi el 20 por ciento de los chicos terminan la primaria sin saber leer ni escribir. ¿Cómo se explica que un chico esté en la escuela siete años y no sepa leer y escribir? Porque no hubo un seguimiento. Porque una parte de la población se transforma en invisible, y el tiempo pasa y pasa. -¿Por qué la mayoría de los países de la región, con Chile a la cabeza, avanza en educación y Argentina no? -Somos un país anómico, un país caótico, con dificultades para ordenarnos a favor de un objetivo. Primero nos cuesta centrarnos en los aprendizajes de los chicos y después adoptar las medidas que se necesitan para cambiar modelos de enseñanza que nos han llevado a pésimos resultados. -¿Se puede tener avances significativos en educación con esta economía? -Siempre influye. Pero hay una serie de falsas creencias en educación: una es la idea de que si aumentás el presupuesto, las cosas automáticamente mejoran. No es así. -Sería condición necesaria, pero no suficiente. -No suficiente. Si seguís gastando el presupuesto como lo gastás hoy, la aguja no se mueve. Cuando llegué a la gestión en la provincia de Buenos Aires, me encontré con una cantidad de plata impresionante. Es cierto que es la provincia más grande, pero después te das cuenta de que hay una estructura que hace que el gasto sea completamente ineficiente. Según las estadísticas, en Argentina hay 12 alumnos por maestro, pero cuando vas al aula, te das cuenta de que no es así. Guillermina Tiramonti, investigadora de FLACSO -¿Qué es lo que impide avanzar en esa estructura? -Por un lado, falta de voluntad política, pero también acuerdos más claros con los sindicatos. Más plata nos sería útil si sabemos en qué usarla. Por ejemplo, está claro que no podemos tener más docentes taxis. Necesitamos docentes por cargo. Los profesores necesitan un tiempo pago para trabajar las clases que van a dar, para producir materiales, dialogar con los otros maestros. –Eso sería mucho más caro. Usted invertiría ahí especialmente. -Sí, claro. Es mucho más caro. Entonces yo sanearía el presupuesto de muchas cosas que gastamos mal para poder aplicarlo. -Por ejemplo, ¿en qué se gasta mal? –Vos tenés tres o cuatro cargos por un docente que está frente al aula. Hay suplentes, de suplentes, de suplentes. Pagaría ese plus para los docentes por cargo. Y además me ocuparía tuvieran el apoyo necesario de los funcionarios para que sea fructífero. Tampoco que sean dos horas para hacer lo que queramos. En general, todo lo que necesitamos cambiar implica mover la estructura de lo ya instituido, y eso genera resistencia. -Los países que avanzaron en serio en educación lo hicieron, en parte, dando mayor autonomía a las escuelas. ¿Se puede hacer eso acá? -Se debería hacer. Con una salvedad: cuando das autonomía a las escuelas, hay que tener en cuenta que disponen de distintos recursos de acuerdo a su situación sociocultural. A la autonomía le tenés que sumar un Estado atento en proveer todos aquellos recursos que se requieren para los proyectos que necesitan hacer. No solamente lo que demandan, sino abriendo los imaginarios de esas escuelas. Tiramonti cuestionó el gasto en docentes que no están frente al aula -¿Qué hay que hacer con la carrera docente? -Casi todos los países de América Latina hicieron una carrera docente. La carrera docente implica generar incentivos en relación a resultados, a capacitaciones, que les permita mejorar no solo el salario, sino también el tipo de tareas que desarrollan sin irse del aula. En Argentina lo único que podés hacer es pasar a ser director. En cambio, podrías poner coordinadores de área. -¿Y qué opina de la formación que reciben? -Si hablamos, con razón, de que necesitamos enseñar en forma interdisciplinaria porque la realidad es compleja, también debemos modificar la formación docente. Los maestros se forman por disciplinas. El sistema está ordenado en forma jerárquica, pero eso está comprobado que no funciona. No podemos insistir en que hay un equipo de planeamiento educativo que derrama para abajo porque abajo no pasa nada. Con abajo me refiero a las escuelas. -Las grandes reformas de arriba para abajo no tienen sentido. -Imposible. -¿Y cómo deberían gestarse los cambios? -Los ensayos que se empezaron a hacer con buenos resultados son las redes de escuelas: trabajo con los directores y docentes muy cerca de los establecimientos. Esas redes son espacios de capacitación, de producción, de bajada de línea también, de diálogo. Los docentes trabajan entre ellos y comparten prácticas. Eso significa cambiar la estructura de gestión del sistema y para eso necesitás cambiar el estatuto docente. -Que tiene 60 años de antigüedad… -Efectivamente. Y por algo no se cambió. Porque hay resistencia. Para Tiramonti, no se debe seguir insistiendo en reformas “de arriba hacia abajo” -¿Y cómo se lidia con esa resistencia y, al mismo tiempo, se hacen las transformaciones necesarias? ¿Con búsqueda de acuerdos? -Ese es el gran desafío. Por ejemplo, Río Negro tiene gran experiencia en reformas educativas. Ellos armaron un plan sentados con el gremio y, si bien hubo conflicto, lograron hacer un cambio en todas las secundarias. Por un lado, tiene que estar esa mesa de acuerdo. Y, por otro lado, en esa mesa de acuerdos no podés dejar afuera a otros actores. -¿Padres, por ejemplo? -Sociedad, diría. Y en esa sociedad faltan otros políticos, que incluyan a la oposición. Y también necesitan estar los empresarios. En Argentina los empresarios no dicen ni “mu” en la educación. Están absolutamente demonizados, pero son beneficiarios de lo que pasa en el sistema educativo. Tienen que comprometerse con la educación y hacer una definición de qué es lo que necesita el aparato productivo en cada distrito. –Eso acá sería visto como una mercantilización de la educación. -Hay que superar esos prejuicios. Realmente los chicos cuando salen de la escuela no consiguen trabajo. Las empresas dicen que lo que sale de la escuela es una porquería y que necesitan hacer su propia formación. Del otro lado, las escuelas dicen que no van a formar mano de obra. Tenemos un desencuentro enorme. Nosotros estamos insistiendo en que los chicos se reciban de la secundaria con titulaciones que no sirven para nada. ¿Por qué no pueden dialogar la escuela y las exigencias del mercado? Eso no quiere decir que los vamos a formar solamente para el mercado. -¿Se puede pensar en un pacto educativo en Argentina, en que se siga una misma línea más allá del gobierno de turno? -Lo que hizo Chile. Sucede que Chile es un país políticamente muy estable. Nosotros somos exactamente lo contrario. Si en algún momento decidimos que la educación es importante, quizás podamos llegar a acuerdos. En los últimos años se llegó a algunos consensos, como el hecho que hay que innovar en la secundaria. Las evaluaciones, muy criticadas, nos pusieron contra la realidad de que los chicos no aprenden matemática, no aprenden a leer. Me parece que, en lugar de grandes acuerdos políticos, algunos distritos van a ir al frente de la mejora con el foco en preocuparse por lo que aprenden los chicos. -¿Hoy no está esa preocupación? -Si me das un minuto, te cuento una pequeña anécdota. -Claro. -Estuve en una mesa con colegas de la academia donde se discutía formación docente. Cuando planteé que para pensar la formación docente, primero teníamos que pensar cómo aprenden los chicos hoy y cómo se debe traducir eso en un cambio en el aula, mis colegas me contestaron: “Ese es otro tema”. Fotos: Santiago Saferstein Seguí leyendo: Cada año, 100 mil alumnos terminan la secundaria pero adeudan materias y no se reciben